Lo normal es que un niño llore más por la noche, disminuyendo su frecuencia hasta que son capaces de dormir varias horas seguidas. No olvidemos que los niños nacen sin un horario establecido, serán los padres quiénes tendrán que ayudar al niño a organizar su cerebro para que, poco a poco, pueda discriminar el día de la noche .
Los padres también tienen que hacer un esfuerzo para llegar a conocer la causa del llanto de su pequeño. Por ejemplo, si tiene frío, en cuanto le arropen se callará. Hay que actuar pero manteniendo la calma en todo momento y sin alarmarse demasiado.
Pero esta relación causa-efecto, puede traer algún problema. Y es que el niño, sabe que si llora se le presta más atención entonces, él solo, incrementará la frecuencia e intensidad de su lloro. Para solucionar este desajuste, le podemos prestar más atención cuando esté jugando o interactuando con los adultos de manera activa y divertida. No haciendo demasiado caso al niño cuando esté llorando, pero sí en el momento que se tranquilice.
En otros casos, puede ocurrir, que el niño llore desconsoladamente sin poder calmarle de ninguna de las maneras. Entonces, atención, no debemos perder los nervios, tomaremos aire y cogeremos fuerzas para intentar tranquilizar al pequeñín.