Pensando en la pregunta que posteó Gustavo acerca de lo que aprendemos de los hijos, recordé que cuando nació mi primer hijo (quien hoy tiene 20 años), escribí unos poemas y se los comparto:
Un hijo vino a verme
Y se quedó aquí, en mi vigilia.
Trajo consigo amores, historias
dudas, errores y un globo de cantoya
inflado en llanto de alegrías y de pesares...
No hay manta que lo cobije
ni oración que no lo cubra
El hijo que vino a verme
reposa ahora y es cuando canta
las luces de mi alegría y lo frágil que me siento
ante errores
Ayer fantasía y promesa
Hoy verdad y plenitud
un hijo duerme en mi regazo.
II Embarazo
Desde lo más puro de mi estómago
me surge el hambre de mi hijo
los dientes duelen y las uñas se repliegan
El feto luna provoca la marea
y jala para sí el calcio y los anhelos.
Hace brotar ombligos, cansancios
bellezas y achaques antes dormidos.
En canto guarda compases con mi ritmo
y en su universo acuático, flotando,
escucha lejanías.
De menguante a creciente
entre sus mares y sus cráteres
es a la vez
la lujna nueva y luna llena.
El hijo luna, satélite callado
que sin embargo
con sus noches y sus días
me grita vida!!!
Rosa Amelia Díaz