Muchos hemos oído decir, leído o incluso hemos recibido (en mi caso no yo, sino mi mujer) la recomendación de marcar unos horarios fijos en la alimentación de los bebés y los niños.
“Los niños deben tener unos horarios para comer”, “que tome leche cada tres horas” o “si no llega a la siguiente toma, déle agua” son frases erróneas demasiado comunes todavía.
De la misma manera que los adultos no tenemos unos horarios para comer (de manera fisiológica, pues las obligaciones de los días laborales nos los marcan), los bebés tampoco deberían tenerlos.
Comemos siempre que tenemos hambre y dejamos de hacerlo cuando ya no tenemos. Unas veces necesitaremos merendar, pues nos habremos quedado con hambre y otras veces habremos comido tanto que no volveremos a comer hasta la cena.
Pues los bebés funcionan de igual manera y es por ello que hoy en día siempre que se dan recomendaciones relativas a la lactancia un mandamiento impera: la lactancia materna debe ser a demanda.
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