Si queremos enseñar a pensar a nuestros hijos, antes tenemos que enseñarles a usar la imaginación. Inventar cuentos tiene el poder de estimularla. La imaginación actúa como soporte del pensamiento y cumple tres funciones: revive las experiencias pasadas, proyecta el futuro y potencia la creatividad.
En el momento de inventar un cuento y de dar con un relato atractivo, no es necesario elaborar una historia con un sólido argumento; confía en ti, en tu capacidad de improvisación y en tus propios recursos para encontrar la historia capaz de hacer sonreír a tu hijo.
Y recuerda, no sólo tienes que inventar tú los cuentos, deja que tu hijo lo haga contigo, le encantará participar.
Sus ojitos se abren de par en par cuando le enseñamos en el cuento el dibujo de un niño que se llama ¡gual que él. ¡Qué casualidad!. Y además…tiene un perro, un gato, un coche, un tren…¡como él!. Se emociona, intenta decir algo pero…acaba gritando al libro y señalando al mismo tiempo las imágenes que ha reconocido.
Disfruta tanto escuchando cuentos como observando las imágenes del libro. Ofrécele historias que puedan ilustrarse con dibujos familiares y cotidianos.
Preséntale historias simples de niños como él, de argumento tan sencillo como ir al parque, tirarse por el tobogán, jugar con los amigos, ensuciarse las manos con barro… O historias de animales a los que él pueden cuidar y abrazar.
Seamos exigentes con las imágenes del libro y con la calidad de la fotografía. Deben ser fácilmente identificables y que den impresión de realidad.