A mi entender, lo que aquí se expone como un problema yo lo considero como algo absolutamente normal. En el caso de mi familia hemos querido siempre que nuestra hija Tania duerma con nosotros. Creemos que esto es muy positivo tanto para su estabilidad emocional como para la relación familiar. La solución ha sido fácil en todo momento. Lo primero que hicimos, en lugar de instalar aparatosas barandillas, cortamos la patas de la cama para evitar riesgos de caída. Con esta medida concedimos a Tania la libertad de subir y bajar de la cama, por sus propios medios, cuantas veces quisiera. A medida que pasaba el tiempo vimos la necesidad de ampliar la cama, por lo que pusimos otra al lado de la que ya había. Evidentemente, sin patas. De esta manera tenemos una macro cama a ras de suelo. ¡Os aseguro que es la mar de divertido!
Ha pasado tiempo desde entonces. Tania ya tiene 5 años y aun duerme con nosotros. De vez en cuando comentamos con ella la opción de ocupar otra habitación con su cama y sus cosas, pero es evidente que aun no ha llegado el momento. Simplemente ella quiere estar con nosotros y eso no nos molesta, sino todo lo contrario.
Por cierto, ahora ya podríamos levantar la cama otra vez, pero vemos muy complicado restaurar las patas de nuevo. Además hemos perdido alguna de ellas y, en definitiva ¿qué importa dormir un palmo más arriba o más abajo?
Un abrazo
Pere