Sabemos que las mascotas pueden constituir en un complemento importante para el desarrollo de los niños, tanto desde el punto de vista físico como afectivo. Sin embargo, existen riesgos que conviene conocer. Uno de los mayores peligros si hablamos de perros y gatos son los mordiscos o arañazos que los animales pueden dar a los niños.
Los niños no saben cuándo al animal le puede apetecer jugar o no, y ante una situación que el animal percibe molesta puede responder con un mordisco o arañazo. Lo mismo sucede con esa fuerza que los pequeños no saben controlar, si el animal se siente “atacado” (acercamiento brusco, golpe…) puede responder del mismo modo.
Si el animal está convenientemente vacunado, lo que se produce en estos momentos un riesgo de infección: las bacterias de la saliva pueden infectar la herida.
La saliva del animal está siempre muy contaminada con bacterias. Las infecciones son más frecuentes en las mordeduras de los gatos que de los perros.
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