como bien dice maría una opción seria el chupete. aunque, personalmente no soy partidaria.
Es cierto que tu niña es muy pequeña, pero puedes empezar a crear rutinas y buenos hábitos de sueño.
mi consejo seria que cuando haya tomado y este medio dormida en tus brazos. llévala a su cunita y déjala. puedes esperarte a que se duerma a su lado y acariciarla de vez en cuanto para que se sienta protegida. recuerda hacer esto de una forma progresiva. para no causar un trama en el bebé. ya que, tampoco soy partidaria de dejar al bebé llorar hasta dormirse, pero tampoco de cogerlos enseguida. así que busca un termino medio en el que te sientas cómoda.
el crear buenos hábitos no significa que estés criando a tu hijo sin apego, o que no seas mimosa con ellos..
hay que crear con un apego seguro es decir, contacto físico constante con el bebé, atender y entender su angustia o estado emocional sin minusvalorarlo, mirarle con ojos amorosos, dar seguridad tanto emocional como física, mostrar que el mundo y las personas son confiables, que puede predecir su comportamiento, que su estado emocional no crea hostilidad ni miedo, y que sus emociones, ya sean vistas como positivas o negativas, son valiosas. pero tampoco hay que ser radicales. creo que podemos ser radicales sin llegar al extremismo, porque eso significaría perder un poco el horizonte democrático donde hay libertad de opinión.
Por tanto, que nadie se sienta ofendido al escuchar lo de "radical", porque creo que es un término que muchas veces utilizamos y que sin querer se entiende como "extremista". No sé si me explico.
Por supuesto, es que somos como un jardín lleno de flores con muchos pétalos de colores. Todas compartimos algo: tenemos polen (una filosofía general acerca de la crianza, una manera similar de ver la maternidad) pero somos diferentes entre nosotras.
Una flor tiene los pétalos azules (quiere amamantar seis meses, colechar esporádicamente, empezar las papillas a los cuatro meses, usar foulard y escolarizar a los dos años), otra los pétalos rosas (quiere amamantar un año, colechar unos meses, dar las papillas cuando el bebé muestre interés, le encantan los mei-tais y tiene en mente escolarizar a los cuatro años), la flor de más allá tiene los pétalos rosas y blancos (no quería dar el pecho pero al final se animó y estuvo tres meses, no colechó pero sí porteó a su bebé en una bandolera, las papillas las ha empezado a dar con seis meses y al mes siguiente llevó a su peque a la guarde por motivos laborales) y también está la flor de pétalos morados (cuatro años de lactancia, colecho durante dos años, papillas en serio a partir del año, mochila ergonómica y cole a los tres años). lo que quiero decir es que la crianza natural es como ese jardín lleno de flores del que os he hablado, cada una de nosotras es una flor. Todas somos bellas , con muchos colores, con un olor magnífico y cada una aporta algo especial a ese gran jardín. Pero no podemos ni debemos ser iguales, cada cual tiene su aspecto (filosofía concreta) y su forma de atraer a las abejas al polen (su manera de criar a los hijos) y no por ello una flor es mejor o más bonita que la otra (mejor madre), sino diferente.
¡Y qué bonito es hacer un precioso ramo de flores donde haya una verde, otra morada, alguna rosa, una amarilla y otra blanca! ¡Cuánta frescura y naturalidad! No perdamos nuestra esencia, aunque dejemos que de vez en cuando venga un bichito a polinizarnos con nuevas ideas y consejos.