Muchos padres comentan que ahora los niños parecen hacerse mayores antes que nosotros. Que las niñas con ocho años ya se fijan en los chicos y antes, en los modelitos de ropa. Que los que ahora son padres llevaban el balón bajo el brazo hasta los catorce y sus hijos dejan de jugar con doce.
Sin duda es cierto, nuestros hijos comienzan antes a comportarse como adolescentes, sus cabezas se llenan antes de pensamientos, conversaciones, comportamientos que atribuimos a chicos y chicas que ya van a secundaria. Pero yo no creo que sea nada intrínseco, sino debido a una publicidad que tiene mucho interés en que así sea.
El mundo del consumo se ha dado cuenta de que los adolescentes son el público comprador ideal. Son personas casi adultas, con cierto poder adquisitivo propio o, al menos, con influencia sobre los que lo tienen, sus padres; pero a la vez son irreflexivos, muy manipulables por su falta de madurez y absolutamente dependientes de la opinión exterior, especialmente de su aspecto.
Por eso hay que conseguir que los niños sean cuanto antes adolescentes: se les propone como modelos idolos adolecentes desde bien pronto, su ropa es como de mayores de tallas enanas, en su horario de televisión se les ofrecen series y películas protagonizadas por jóvenes en vez de niños. Los productos que se les ofrecen se publicitan como de mayores, dándoles un aire juvenil, chico, tienes que crecer porque lo chulo es ser adolescente.
Y, claro, después de la verdadera adolescencia viene la juventud y la madurez, pero eso no es interesante porque nos hacemos reflexivos y se nos asienta la cabeza, con lo cual se intenta alargar la adolescencia lo más posible: ¿no os parece que la publicidad alude siempre a nuestra parte menos madura?
Yo creo que los niños son niños y no adultos en miniatura, tienen sus gustos, sus ideas y sus necesidades. Forzarlos a madurar, a pensar como lo que no son no puede ser bueno para su desarrollo psicológico y social. Pienso que el deber de los padres es protegerlos de semejantes agresiones que no les corresponden, ofrecerles lo que nos parece adecuado para su edad y enseñarles por qué. Es casi imposible que no vean publicidad, programas y material para adolescentes, es mejor que ellos aprendan a defenderse.