Lo que no hay que hacer
· No le fuerces a comer. No hay ningún alimento indispensable que no puedas sustituir por otro.
· No le presentes el mismo plato que rechazó el día anterior. Espera unos días para que vaya olvidando lo que es un mal recuerdo para él.
· No le ofrezcas demasiadas comidas nuevas a la vez. Dale tiempo para que pueda acostumbrarse a los nuevos sabores.
· No aparentes prisa cuando le das de comer, ni intentes que coma más rápido de lo que puede. Cada persona tiene un ritmo propio que hay que respetar.
· No lo amenaces ni lo castigues a causa de la comida.
· No le digas que es bueno si come y malo si no come, o que papá y mamá estarán contentos si lo hace. Eso le da la posibilidad de fastidiar o coaccionarlos cuando le interese y la utilizará.
· No compares lo que come tu hijo con lo que comen otros. La cantidad que cada uno necesita depende de muchos factores.
· No insistas en que se acabe las dos últimas cucharadas cuando ves que ya no puede más.
· No le pongas la comida en la boca inadvertidamente cuando la tenga abierta, si él ya te ha dado muestras de que no está dispuesto a comer.
· No insistas si sabes que tiene más sueño que hambre. Sólo conseguirás que tome un berrinche y acaben él y tú llenos de papilla.
Estrategias para el éxito
· Reduce la cantidad de comida en los platos. Pon cantidades ajustadas a sus necesidades.
· Intenta que la comida sea algo divertido y relajado en lugar de una batalla con vencedores y vencidos.
· Permítele comer solo en cuanto te lo pida, aunque se manche y lo ensucie todo. Recuerda que a veces también te pedirá que le ayudes, ya que sus posibilidades están limitadas al principio porque no sabe coger ni utilizar bien los cubiertos.
· Para ayudarle a comer dale instrumentos cómodos: una cuchara de mango corto, ancho y recto; una taza con dos asas o una larga y ancha, una mesa a su altura, y una silla cómoda.
· Acepta que juegue un poco con la comida.
· Ten en cuenta que las buenas formas en la mesa se van aprendiendo poco a poco. Nadie nace enseñado.
· Cuando le ofrezcas un nuevo alimento, déjale que exprese libremente si es de su agrado. Si no le gusta, mézclalo con otros que den mejor sabor.
· Varía el aspecto de las comidas. La monotonía es muy aburrida. A nadie le gusta comer siempre lo mismo o con la misma presentación.
· No te sientas obligada a cocinar lo que le gusta si rechaza lo que le has preparado.
· Si devuelve o vomita para que le des otra cosa, no dejes que te coaccione y trata de no parecer molesta.