Apreciada Cristina:
La respuesta de Maria no ha podido ser más acertada. Un estudio efectuado en la Escuela de Sanidad Pública de Harvard demuestra la estrecha relación que existe entre la dieta que siguió la madre durante el embarazo y la salud del bebé al nacer. Además también se ha comprobado que lo que la embarazada come o deja de comer incide sobre el desarrollo cerebral y en el crecimiento general del bebé. Los hábitos alimenticios de las embarazadas influyen en el curso del embarazo, su bienestar, el parto, su estado emocional y su recuperación tras el parto.
Por lo tanto, preocúpate por comer sano y de manera equilibrada: cuatro raciones diarias de proteínas, dos raciones diarias de alimentos con vitamina C, cuatro raciones diarias de alimentos con calcio, tres raciones diarias de hortalizas y frutas amarillas ricas en vitamina A, cinco raciones diarias de cereales integrales y legumbres y un alimento rico en hierro (como mínimo) cada día. Recuerda que la absorción del hierro aumenta si lo ingieres con alimentos ricos en vitamina C.
Hasta las grasas son necesarias para tu hijo. Contrólalas pero no las elimines radicalmente.