EL EJÉRCITO VERDURITA
En aquel lugar encantado, donde antes hubo un pantano habitado por ogros y brujas malvadas, pero que ahora estaba lleno de vida, campos verdes, árboles robustos y cantos de aves, sucedió una mañana, tempranito lo siguiente.
Zanorita, una vivaz zanahoria que era, bueno, como todas las de su género, naranja y con las greñitas verdes, se empujaba hacia fuera de la tierra: mpph, mphhh! Ya no quiero estar aquí... agggh... aggh! Se movía y con sus manitas empujaba hacia afuera, mientras con sus patitas blancas empujaba la tierra que la mantenía arraigada. Un árbol vecino la escuchó y bajando amablemente una rama le dijo:
-¿Necesitas ayuda, amiguita? ¿Cuál es tu prisa por salir?
-Pues que quiero salir de aquí antes de que llegue el hortelano, estoy lista y si me ve, seguro me echará en la canasta... ¡y yo no pienso terminar en rebanadas en una ensalada, o echada en un caldo, toda aguada!! Quiero hacer de mi vida algo diferente... mppppphhh!! (seguía tirando hacia afuera)
El árbol, sonriente, bajó la rama y de un tironcito, dado que él era fuerte, sacó pronto a la zanahoria... ¡prim!
-Hombre, muchas gracias... tú también has hecho hoy algo diferente. Puedes estar contento, ¡haz ampliado tus dones y talentos!! Dijo muy satisfecha Zanorita.
-Mucho gusto, querida....
-Zanorita, me llamo Zanorita...
y ambos estrecharon la mano. De repente, se escuchó un gritillo:
-Hey, hey, acá! Yo me quiero ir contigo, Zanorita... acá, soy Beto, el betabel... bueno, conocido como remolacha en algunos sitios.
Una robusta remolacha (betabel), movía las manos intentando salir de entre la tierra también. Zanorita se sintió sorprendida pero acudió, ¡vamos, árbol, ayudémosle! Nada mejor que corazones dispuestos a hacer cosas buenas y distintas!
Entre los dos sacaron a Beto Betabel y cuando estuvieron juntos se sonrieron. Entonces los gritos comenzaron a multiplicarse por aquel lugar, en esa horaliza de repente el puerro, el jitomate, y hasta una papa, puyaron por salir de su lugar y, cuando menos esperaron, Zanorita tenía a su alrededor un ejército de legumbres.
-¿Y qué vamos a hacer ahora? Preguntó un pequeño pero valiente nabo.
-¡Busquemos aventuras, alguien a quien ayudar! Dijo Zanorita y contentos emprendieron la marcha.
Árbol se despidió de ellos, contento de haber ayudado a su noble causa.
Mientras iban caminando, uno de los unicornios del lugar se acercó a Árbol y le preguntó que sucedía con ellos. Árbol le explicó la historia, añadiendo el final: y ahora, son el ejército verdurita, en busca de aventuras.
El Unicornio blanco y azul se quedó pensando... ¡vaya, si sé de algo no dudaré en informárselo!
Entre tanto, lejos de allí, en el castillo. La princesita menor, que luego de la victoria sobre los ogros sólo se volvía unicornio cuando le daba fiebre, estaba contenta jugando con masa, cuando algo le picó entre los dientes.
¡Grrrr!!! Aisssss! ¡Qué desesperación! ¡Cuánta comezón, cuánta comezón!
Comenzó a correr de un lado a otro, mordiéndose el bracito y llegó donde su herman, la princesa mayor y por poco le da un bocado.
-¡Hermanita! ¿Qué te sucede? Preguntó extrañada la princesita mayor
-¡Comezón, comezón! Acertó a decir la princesita menor y no dejaba de tallarse desesperadamente la boquita.
La princesita mayor no sabía cómo ayudar a su hermanita. La reina madre se había ido a la compra y la había dejado a cargo de su hermanita... como ya podía ser responsable para irse sola al cole y quedarse en la casa, ese día la dejó a cargo de la princesita menor.
La princesa mayor veía cómo la pequeña corría de un lado a otro y en momentos se convertía en unicornio: ¡ostras! seguramente le ha dado fiebre, se dijo... será mejor que llame a mi madre.
Sin embargo, algo pasaba con el móvil de la reina madre, porque no recibía llamadas ni tampoco mensajes.
Entre tanto, la princesita unicornio comenzó a llorar desesperada, ¡comezón, comezón! gritaba.
-Tranquila, hermanita, le dijo su hermana... veré qué puedo hacer para ayudarte.
A varias leguas de allí, el corazón del unicornio blanco y azul sintió la alarma... algo pasa con el unicornio blanco y rosa, tuvo la certeza.
Entonces, emprendió el vuelo y llegó donde se hallaba la necesidad.
-Comezón, comezón.... lloraba el unicornio blanco y rosa.
La princesa mayor, al ver al unicornio blanco y azul le explicó lo que sucedía
-La mi pobre, mírala, le sale babita por la boca y se le están haciendo granitos... ¿qué podemos hacer?
El unicornio blanco y azul se quedó un momento intrigado... eso era algo que él no sabía manejar, pero, de pronto , tuvo una idea.. ¡espera! Creo que conozco a alguien que quizá podría ayudar...
-¿En serio? Dijo la princesa mayor... ¡que vengan pronto!
El unicornio blanco y azul emprendió de nuevo el vuelo,esta vez, volando bajo y poniendo atención. A lo lejos, alcanzó a vislumbrar unos copetillos verdes: ¡allí están, el ejército verdurita! Bajó lentamente y los saludó con un gesto cortés.
-Valiente ejército verdurita, los saludo! Estoy aquí para solicitar su ayuda.
-¿Nuestra ayuda? Dijo sorprendida Zanorita y al punto las demás verduritas saltaron de alegría:
-¡Vivaaaa! Una aventuraaaaa!
-¿De qué se trata la emergencia? Indagó Zanorita.
-Es la princesa unicornio blanco y rosa... tiene comezón en las encías y no sabemos cómo ayudarla.
El ejército verdurita se reunió en un círculo:
-¿Qué haremos? Los puerros no somos dentistas
-Y los betabeles o remolachas no tenemos esa propiedad curativa, dijo preocupado Beto betabel.
-¿Y si le cantamos unas cancioncitas para distraerla? ¡Quizá eso la ayude! Dijo la patata.
-¡Venga! Aplaudieron todos y golpearon sus manitas en señal de alegría y victoria.
No tardaron en trepar en el lomo del unicornio blanco y azul, quien los llevó de inmediato al castillo...