La cuchara: ¡qué revolución!
La introducción de la cuchara va a significar un cambio casi revolucionario en la cotidianidad de tu hijo Pensemos que hasta ahora, nuestro bebé estaba acostumbrado a estar en brazos mientras se alimentaba y a mirar a los ojos de su madre. En cambio ahora debe mantenerse sentado en una silla apartado del calor corporal, fijar su atención en la cuchara, coordinar la llegada de la cuchara con abrir su boca, aprender que el hambre se satisface con alimentos distintos a la leche y que esos alimentos no se tomen succionándolos… ¡Ufff! ¡Cuántas cosas nuevas!
Por todo esto es importante introducir la cuchara en el momento apropiado y no antes, ya que si lo hiciéramos antes de tiempo el bebé podría vivir estas novedades con mucha inseguridad y rechazarlas. Y lo que buscamos ahora es que la transición sea tan lenta y placentera para el bebé, que casi no se de cuenta y la incorpore a sus conocimientos de una forma casi automática.
Como la introducción de la cuchara conlleva tantos cambios, debemos hacerlo de forma gradual. Primero, cogeremos al bebé y lo alimentaremos con la cuchara pero sentado en nuestro regazo y de espaldas a nosotros. Así habremos introducido un cambio importante (ya no podrá ver la cara de su madre) pero al estar recogido en sus brazos no se sentirá desvalido. También podrá aprender a mirar la cuchara, cómo se acerca y se aleja y a coordinar el movimiento de abrir y cerrar la boca. Poco a poco podremos sentarlo cómodamente en su sillita y alimentarlo cara a cara.
Debemos escoger una cuchara apta para nuestro bebé: del tamaño adecuado, de plástico y con los bordes redondeados para que no se haga daño en las encías. Es posible que al principio chupe la cuchara como si fuera el pecho o el biberón y que luego intente hacerse con la cuchara para usarla él solito. Debemos proteger debidamente la mesa y la ropa del bebé, para que éste pueda experimentar a sus anchas sin miedo de que se manche. Los ejercicios con la cuchara le ayudarán a adquirir destreza para aprender a comer solo. Podemos ofrecerle otra cuchara a la que usamos nosotros para que él la vaya manoseando mientras le damos de comer. Y, aunque se ensucie, hay que dejarle llevar la comida a la boca con las manos ya que forma parte de su aprendizaje.