No todos los seres espirituales turbados se convierten o se doblegan al mismo tiempo, pues así como sucede en la Tierra, donde existen en la vida humana hermanos de diversa índole y de diferente carácter, así entre los espíritus también existen diferencias emanadas del libre albedrío de cada quien; unos son reacios, otros dóciles, los hay fáciles de convencer y fáciles de confundirse, los hay perezosos y también endurecidos en sus sentimientos espirituales, los hay ligeramente turbados como también otros con enormes turbaciones.
Por eso, hermanos míos, muchos de los que han estado con nosotros y nos han seguido, muy especialmente en estos tiempos en que somos los Espiritualistas, se han elevado y ya no están con nosotros porque, con nuestra preparación y firmeza en el camino verdadero, por nuestra práctica de la Doctrina del Señor y nuestro ejemplo, han alcanzado finalmente la luz.
Pero existen otros, los reacios, quienes nos siguen acompañando y que quisieran conducir nuestros pasos por otras sendas, y son quienes van poniendo tropiezos en nuestro camino, que van nublando nuestras facultades mentales, que nos ofuscan, nos tientan y nos hacen caer.
Mas todos aquellos de nosotros que sepamos hacer uso de la oración, que sepamos imponernos a todas las circunstancias invisibles o visibles, seremos invencibles y al verse ellos siempre vencidos por nuestra preparación, al ver que sus armas y redes no dan el resultado que ellos desean, que nuestra luz es más poderosa, y nuestra mente no se turba, porque es más fuerte que la de ellos; entonces, tarde o temprano, cederán y se elevarán.